abril 4, 2025

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Mi madre, ¡qué mujer!

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—A la mujer debes tratarla con respeto, con amabilidad, con ternura, hacer que se sienta cómoda, relajada y sobre todo con confianza, hablarle con suavidad y sin el temor de que puedas sonar “cursi”

No hay nada cursi cuando se trata de hablar con toda libertad de las emociones, de decir lo que se está sientiendo, lo que se desea, sobre todo si empleas el lenguaje apropiado para hacerlo.

—¿Y cómo voy a saber cual es el lenguaje apropiado?

—Lee poesía, aprende a decir las cosas de una manera que no suenen vulgares, corrientes, agresivas, ofensivas, se conquista más con un poco de miel que con un tambo de hiel.

—Sólo que la poesía es muy vieja, se va a escuchar ridiculo que le diga a una mujer algo como:

Si porque a tus plantas ruedo como un ilota rendido,

y una mirada te pido, con temor casi con miedo.

Si porque ante ti me quedo extático de emoción,

piensas que mi corazón, se va en mi pecho a romper,

y que por siempre he de ser esclavo de mi pasión.

¡Te equivocas, te equivocas! Fresco y fragante capullo

yo quebrantaré tu orgullo como el minero las rocas.

Y si a la lucha me provocas, dispuesto estoy a luchar;

tú eres espuma, yo mar que en su fiereza confía;

me haces llorar; pero un día yo también te haré llorar…

—Te aseguro que se van a burlar de mí, las muchachas de ahora no están por la poesía, a ellas no les gusta que les hablen de esa manera.

—¿Qué no? Hazlo, hazlo con un tono de voz medio, con firmeza, con seguridad y sobre todo, viéndola a los ojos; convencido de lo que estás diciendo y ya después me platicaras si le gusta o no…

Lleno de dudas, aunque esperanzado, comencé a leer más poesía, de todos los autores que me encontraba, Ruben Dario, Manuel Payno, Manuel Acuña y muchos otros más que me fui encontrando por el camino.

De igual manera, comencé a escribir unas cuantas rimas que llegaban a mi mente y al final, noté que mi vocabulario había aumentado y que podía decir las cosas de una manera más fluida y clara.

Y en cuanto a las muchachas, debo ser sincero y asegurar que hasta el momento no he conocido a una que no le gusten las rimas, y si no me creen pueden verlas con el reggaetón, aún siendo corrientes, vulgares y agresivas, siguen siendo rimas que se repiten una y otra vez.

Y fue gracias a la poesía que siempre pude conquistar a una mujer, si se emplea el momento, el ambiente y la rima adecuada, obtienes una coqueta sonrisa que les brota desde lo más profundo del alma.

Es por eso que jamás podré olvidar ese profundo y sincero diálogo que tuve con mi madre a la edad de quince años, justo cuando las hormonas nos rebasan y la timidez nos invade, cuando nos damos cuenta de que nuestra compañera de clases, es más hermosa de lo que habíamos visto.

Un momento crucial que gracias a la hermosa señora que tuve por madre, pude ver desde otra perspectiva, pude subsanar sin mayores complicaciones.

Lo mejor de todo aquello, fue que marcó mi vida para siempre ya que fue a partir de esa charla que muchas cosas comenzaron a cambiar para mí.

No sólo comencé a escribir rimas, sino que también surgieron canciones y de ahí a contar cuentos, narrar historias o redactar una novela, sólo fue ir dando paso tras paso para conseguirlo.

Y si ahora hago esta remembranza, se debe a que el día de ayer se conmemoró un aniversario más del Día Internacional de la mujer, ¿y cómo no recordar a esa gran guerrera? A esa gran dama que con determinación y coraje luchó por todo aquello que ella deseaba y en lo que ella creía.

Una mujer de fuerte temperamento y férrea determinación, de carácter firme y sólido que no daba un paso atrás ni para tomar impulso, que siempre antepuso el amor de sus hijos ante cualquier otra cosa.

Y no digo que mi madre haya sido única, no, por el contrario, a lo largo del camino me he encontrado con cientos de miles de mujeres que luchan con esa misma determinación y fuerza.

Mujeres que no tienen un escaño para manifestar lo que sienten y lo que piensan, mujeres que no están en el sistema para pregonar una lucha que tal vez nunca conocieron y que por motivos políticos ahora la enarbolan como bandera.

Mujeres reales, mujeres que saben lo que son las penurias de una lucha desigual, que conocen de los abusos machistas, de las humillaciones gubernamenatales y que no esperan a que sea 8 de marzo para manifestar su lucha y su fuerza.

Mujeres para las que todos los días son iguales y que no por eso esperan que las premien o les den un cargo público, mujeres que sólo piden respeto y reconocimiento para su genero, oportunidades para que su lucha no sea más cruel.

¿Y tú… conoces mujeres que día con día luchan por su familia?