La soledad, tan dañina como el consumo excesivo de alcohol, la inactividad física o la obesidad

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Rafael Paz


L
o más importante al abordar el tema de la soledad, afirma María Montero y López Lena –docente e investigadora de la Facultad de Psicología– es comprender que ésta no necesariamente conduce a un estado depresivo y que incluso puede ser benéfica para quien ha aprendido a gestionar sus emociones.

La investigadora, quien dedicó su tesis doctoral al tema, comenta que en sus indagaciones ha encontrado que la soledad es un estresor, ya que “es resultado de la percepción de carencias afectivas, reales o subjetivas. ¿Por qué es un estresor? Porque depende de los recursos socioafectivos con los que cuente la persona para enfrentar dicha experiencia. Desde el punto de vista psicológico, la soledad tiene una faceta negativa, vinculada con el desequilibrio entre la cantidad de afecto que la persona requiere y la que cree recibir. En contraste, también hay evidencia científica que vincula a la soledad con procesos más complejos como la creatividad. En consecuencia, se concibe como un fenómeno esencialmente subjetivo, el cual puede conducir a estados depresivos o bien de éxtasis asociados con el autoconocimiento”.

En México, según la Secretaría de Salud (https://www.gob.mx/salud/prensa/008-en-mexico-3-6-millones-de-personas-adultas-padecen-depresion) 3.6 millones de personas adultas padecen depresión, una cifra que el organismo gubernamental afirma creció después de la pandemia como sucedió en otros países. La Organización Mundial de la Salud (OMS) (https://www.who.int/es/news/item/15-11-2023-who-launches-commission-to-foster-social-connection) señala que el problema de soledad ha aumentado tanto que creó la Comisión de la OMS sobre Conexión Social.

La nueva oficina nace “con miras a hacer frente a la soledad como una amenaza apremiante para la salud, promover las relaciones sociales de manera prioritaria y acelerar la ampliación de soluciones en la materia en los países de cualquier tipo de ingreso”, asegura la OMS y añade:

“La falta de conexión social conlleva un riesgo equivalente, o incluso mayor, de muerte prematura asociada con otros factores de peligros más conocidos, como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la inactividad física, la obesidad o la contaminación del aire. El aislamiento también tiene un grave efecto en la salud física y mental: diversos estudios muestran su relación con la ansiedad y la depresión y cómo puede incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares en un 30 %.”

Dichos datos, considera María Montero y López Lena, subrayan la necesidad de aprender a manejar la soledad en nuestro beneficio. Cuando es positiva, puntualiza, “se asocia con acciones más de creatividad, de verdadero éxtasis, con estados creativos. Hay poca literatura todavía al respecto en la que se documenta que las personas que saben hacerlo pueden ser muy productivas y, de hecho, sobre todo hay ejemplos en las artes”.

“Alguien puede estar rodeado de gente –los artistas de los espectáculos– y sentirse solo, porque no encuentra satisfacción en sus vínculos afectivos o puede estar aparentemente excluido”, ejemplifica la universitaria.

Agrega que uno de los problemas principales para tratar la soledad es que ésta hace referencia a “un fenómeno absolutamente psicológico, que tiene un correlato físico pero que no es determinante para la experiencia solitaria. El correlato físico de la soledad es el aislamiento. Hay personas que están en aislamiento físico pero que no se sienten solas. Por ejemplo las monjas, o los trabajadores de plataformas marinas”.

Foto: Diana Maldonado.

Monitoreo del sueño

Una manera sencilla de identificar si la soledad nos está afectando, expone María Montero y López Lena, es monitorear nuestro sueño.

“Cuando la depresión ya tiene un perfil más patológico, hay alteración de sueño y en la ingesta alimenticia –para más o para menos–, así como en el sistema inmunológico, el cual se ‘deprime’ y el individuo es presa de infecciones más recurrentes.”

La psicóloga universitaria. Foto: Archivo Gaceta UNAM.

Pero cuando la gente pasa por periodos depresivos no identificados, sobre todo, hay una alteración de sueño incuestionable que contribuye al círculo vicioso: cuando te falta sueño, no hay suficientes hormonas que se liberan durante esa fase y te sientes peor”.

Si identificamos que hay un problema, además de acudir con un especialista –psicólogo(a) o psiquiatra–, debemos estrechar nuestros vínculos sociales, porque “cuando una persona tiene un vínculo funcional es suficiente para prevenir la sensación de soledad, podrás tener nostalgia o tristeza, pero evocar el vínculo afectivo te calma la ansiedad que te produce la carencia afectiva”.

Por su experiencia profesional, de acuerdo con María Montero y López Lena, es posible manejar los estados depresivos relacionados con la soledad si se echa mano de algunas enseñanzas orientales, en específico del zen, un concepto del budismo mahāyāna de China.

Los cinco pasos para conseguirlo, explica la especialista, son los siguientes:

“Lo primero es ver el problema (estoy solo); pero, ¿en realidad lo estás? Segundo, al reconocerlo, qué es lo que falta (pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo, tal vez metas personales)”, recalca.

Sobre el tercero, que está ligado a la aceptación, dice: “si terminaste con tu pareja, admitir que es normal que te sientas solo”. El cuarto consiste en integrarlo; “sigamos con el ejemplo de la separación: si es definitiva, lo integras a tu bagaje de vida, para poder decir ‘bueno, ya aprendí que esto no me convenía –o si me convenía– y voy a buscar una persona que responda a eso. Esa experiencia, positiva o no, dolorosa o no, la integras después de haberla identificado”.

Para terminar, añade que el quinto paso consiste en amar esa experiencia. “No significa que a fuerzas vas a decir ‘ah, qué bueno que estoy solo’, es amar la experiencia a la manera que decía Gabriel García Márquez: no llores porque se fue, agradece que llegó”.

“Cuando no se optimiza el conocimiento que deja esa experiencia, nada más se sufre. El sufrimiento es inútil si no te da un aprendizaje. Como dice el zen, el dolor es ineludible, algo te va a doler en esta vida, pero sufrir es opcional; si te aferras a alguien que murió, sufrirás mucho.”

Y sugiere: “es importante reconocer que, aunque duela –porque las ausencias lastiman–, aferrarse a ese dolor únicamente genera más sufrimiento. La soledad es una buena maestra si sabes llevarla; como los buenos maestros, no tienes que estar siempre junto a ella, pero, si se presenta, es una oportunidad de aprender de esa experiencia solitaria”.

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