abril 4, 2025

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Con eso no basta

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Día con día, las cosas van de mal en peor para los policías, no sólo tienen que soportar las ofensas y las altanerías de las personas que, por un motivo u otro, se ven involucrados en algún asunto legal, y como son los policías los que están primero, pues sobre de ellos pesa toda la frustración que sienten los detenidos, o los familiares de estos.

Que, si se pasan un semáforo en rojo, no reconocen su falta y se ponen al brinco que, si agarraron al hermano, al hijo o al sobrino que andaba atracando y dañando a otras personas, “pinches policías, deberían agarrar a los narcos”, les gritan.

Total, que todo el mundo es inocente, y abusado por los policías, sobre todo cuando se trata en sus personas o en la de sus familiares, gente buena y trabajadora que no tiene la culpa de que los “estúpidos policías” los vean como delincuentes.

Se quejan de la violencia policíaca, aunque no dicen nada cuando son ellos los agresores en contra de los uniformados, no dicen nada cuando las personas ofenden y agreden a los guardianes del orden y que son los mismos que trabajan ofreciendo protección a todos, se lo merezcan o no.

Y eso que los “jefes”, los mandos supremos, los oficinistas, los que no saben como se comportan las personas en las calles, los que no tienen ni la maldita idea de todo lo que los uniformados tienen que enfrentar día con día, turno tras turno, sobre todo en esas colonias en donde ni los mismos habitantes se sienten seguros de sus vecinos.

Comenzando por el presidente y siguiendo con los demás mandos, todos tienen a los policías atados de manos, los traen con la correa corta y eso, no sólo los limita, sino que, tienen que pensárselo mucho antes de tomar una acción que de una o de otra manera siempre repercute en contra de ellos y muchos, no sólo pierden el empleo, si no, además, hasta la vida.

Y no quiero que se mal entienda lo que escribo, no todos los policías son buenos elementos, ni todos son unas almas de Dios, no, creer eso sería engañarme a mí mismo, seria cerrar los ojos a una realidad que por cruda e impactante nos golpea en el rostro a todas horas.

Aunque, tampoco, todos son abusivos, no todos se aprovechan del uniforme y de la fuerza que representan, muchos, tal vez la mayoría, son personas honestas, con ganas de hacer bien su trabajo y sobre todo, con el firme propósito de servir a una sociedad que no los merece, ya que no los sabe reconocer en sus esfuerzos, ni valorar en sus acciones.

Es lógico de suponer y de entender, que muchas de las veces en que un uniformado, harto de tanta presión y de tanta agresión, harto de tantas ofensas y tantos retos personales, como cualquier ser humano, explota y ya no le importa si lo están grabando o no, simplemente reacciona como una persona normal y responde la agresión, descargando así todas sus frustraciones.

Tal y como lo haría usted, o el vecino, o el conductor que no tolera que lo vengan presionando y ofendiendo, la única diferencia es que, ni el vecino, ni el conductor, ni usted, traen puesto un uniforme de policía y por eso, si usted, o el vecino o el conductor, agreden a otro y le parten la madre por impertinente, nadie dice nada y mucho menos hacen de eso una noticia de interés.

Por si todo eso fuera poco, el “acusalos con su mamá” o el “abrazos no balazos”, no funciona con esas lacras de la sociedad, con esa escoria para los que debiera existir la pena de muerte, porque, ¿qué caso tiene encerrar por años a uno de esos asaltantes que no se tienta el corazón para matar a gente trabajadora e inocente, sólo con el fin de obtener unos pesos en algún atraco?

¿qué caso tiene mantenerlos en una prisión que sólo les va a servir de escuela para que puedan cometer sus delitos con mayor impunidad y sadismo?

La muerte es el único castigo que se merecen todos aquellos que han tomado una vida, ya sea en un asalto, o por violencia intrafamiliar, o por feminicidio, esos infelices, ya no debieran existir en una sociedad que busca superarse a sí misma.

Esta semana, han muerto más policías de los que se pudieran contar, incluso un par de oficiales mujeres, que se encontraban a bordo de una camioneta y cuyo único trabajo era administrativo, fueron balaceadas sin motivo aparente.

Y lo mismo ocurrió en Fresnillo, Zacatecas, con unos oficiales que estaban comiendo en un pequeño restaurante y fueron atacados desde dos autos por hombres altamente armados.

Todos ellos comienzan la trágica estadística del 2022, cuando apenas llevamos unos días de haberlo iniciado, y al paso que vamos, lo más seguro es que se superen las estadísticas, al menos las oficiales del 2021 año en el cual fueron asesinados al menos 403 oficiales, 1.09 policías por día.

Y entre los estados con mayor número de oficiales sacrificados, están: Guanajuato, con 54, EDOMEX, con 47, Zacatecas, con 37, Veracruz, con 31 y Chihuahua, con 27; y de acuerdo a las estadísticas, del 1º de diciembre de 2018 al 31 de diciembre del 2021, al menos 1 416 policías, han sido asesinados en México, ¿eso no basta para que el presidente se de cuenta de que su política contra la inseguridad y la violencia en el país está fallando de todas todas?

Se está volviendo recurrente el hecho de ver, y digo ver, por la cantidad de vídeos que circulan en las redes sociales, a cumplidos uniformados siendo víctima de la delincuencia:

Un uniformado que se enfrentó a tres delincuentes para impedir un atraco, fue muerto a traición por uno de ellos, aunque hirió a los otros dos.

Un uniformado que acudía a hacer sus comprar a una tienda de conveniencia, justo en el momento en que dos delincuentes salían después de haber cometido un asalto, no le dieron ni tiempo de sacar su arma y le dispararon en la cabeza.

El día de ayer, en el estado de México, un uniformado se enfrentó a balazos con un malhechor que cometía un robo, ambos resultaron heridos en el enfrentamiento.

Claro que también hay notas de los “no tan buenos elementos”, que por la razón que sea, se dejan llevar por el licor, o por las drogas, o por cualquier causa, incluso hasta los celos, como el oficial que disparó sobre su pareja sentimental, provocándole la muerte y luego, en un arranque, tal vez de arrepentimiento, o vaya usted a saber por qué, se metió un balazo él mismo

El colmo fue el día de hoy, un hombre, bajo los efectos de la droga, no se tentó el corazón para agredir a un policía que trataba de evitar que se siguiera cortando los brazos con un filoso cuchillo.

Por fortuna, el uniformado pudo evitar ser lesionado y el drogadicto, aún bajo los efectos de la droga, corrió a la azotea de su casa, en donde, por la pérdida de sangre, perdió el equilibrio y se proyecto al vacío, en donde quedó muerto.

Y esa es sólo una de las tantas historias que tienen que vivir los uniformados, lo peor de todo esto, es que, de no cambiar las normas, las situaciones de trabajo y sobre todo, de no soltarles la correa, con los riesgos que esto implica, la situación se va a tornar más más intolerante, no sólo para los uniformados, sino para todos en general.

¿Y tú…  qué opinión personal tienes de la policía?