Los hombres encuentran natural abandonar a una mujer sin que medie explicación alguna.
Cuando ella ha dejado de interesarles o ya no es la relación lo suficientemente satisfactoria y excitante la rompen.
En ningún momento se sienten culpables, los sentimientos y la situación de la mujer no constituyen ningún obstáculo serio para el adiós.
Olímpicamente, ellos rompen con la mujer sin crearse remordimientos, sin embargo, la situación es muy diferente cuando ellos son los abandonados.
En ese momento, todos sus instintos y pensamientos están encaminados a vengarse; se sienten víctimas de la más terrible injusticia, humillados, insultados, aplastados, furiosos.
Estas reacciones son causa de una sorpresa total que embarga al hombre al darse cuenta de que ya no le interesan a la mujer con quien sostiene relaciones, y a quién pensó que solo él y nadie más que él podía dejar plantada.
Esta es una consecuencia muy natural, de acuerdo a la educación tan diferente que se imparte a hombres y mujeres.
Las mujeres crecen mucho más consentidas, lo único que se les exige de la vida es casarse con un hombre triunfador para hacerlo feliz.
En cambio, los varones, cuando llegan a la adolescencia ya tienen metas bien definidas en la vida: triunfar, ser más brillantes que los demás para poder dejar huella de su paso por la vida.
La educación impartida para el hombre lo hace un extremo vanidoso y egoísta, le hace ver que el mundo gira a su alrededor y que todos dependen de él, de su capacidad, de su inteligencia y de su espíritu de lucha para lograr las más grandes batallas en pos de lo que él quiera conseguir.
Las consecuencias de esto en la relación amorosa hombre-mujer son las actitudes irresponsables, llenas de posesividad y desconsideración.
El hombre cree que la mujer le pertenece como propiedad privada, sin ningún derecho a reclamar, tolerándole siempre todo, pero él puede hacer lo que quiera y botarla cuando considere que ella ha dejado de serle útil.
Estas actitudes han tenido como consecuencia, a lo largo de los siglos, que sean los hombres, los que decidan el camino de una relación; ellos eligen a las mujeres, las toman y las dejan a voluntad y las mujeres, lo único que hacen es dejarse, porque desde pequeñas se les ha enseñado a obedecer al hombre.
Los sentimientos de la mujer no les importan, pero sí los que están directamente implicados con su honor masculino, su egocentrismo y su arrogancia.
Ellos son los castigadores, los conquistadores, y muy de vez en cuando se permiten algún sentimentalismo, siempre más ligado a su propia estima que a algún verdadero sentimiento.
En la actualidad las reglas han cambiado: existen las mujeres inteligentes que han dado fin a la esposa ideal de hace algunos años; sumisa, callada, complaciente, incapaz de externar su opinión.
Estas mujeres con un fuerte complejo de inferioridad, aunque resentidas contra el marido, no tenían otra alternativa en la vida que soportar la vida conyugal con estoicismo por falta de opciones.
Los hombres que gustan de una mujer inteligente y vivaz, con quien compartir la vida, corren los mismos riesgos que las mujeres de ser abandonados.
Por ello es importante conocer los síntomas que revelan una falta de interés o un posible abandono femenino, para salvar la relación, si se quiere, o para no perder la dignidad.
Cuando un hombre ha dejado de interesarle a la mujer, uno de los principales síntomas es la molestia de su presencia.
Lo agradable que le resultaba tener un hombre en casa, mientras ella preparaba la cena o hacia algún quehacer, deja de serlo, para producirle el sólo verle, un profundo fastidio.
Lo único que desea es librarse de él animándolo a salir con sus amigos o a ir a divertirse, para estar con él a solas lo menos posible y no tener que sufrir el horrible suplicio de una caricia.
La falta de interés se traduce también en falta de memoria.
Cuando hombres y mujeres nos enamoramos los detalles cobran una importancia especial; las fechas de cumpleaños, los gustos por determinado deporte o las bebidas que tomamos, así como las opiniones externadas sobre diferentes tópicos, etc… son imborrables.
No es necesario anotar nada, todo lo tenemos en la mente, cuando la memoria empieza a perderse y la mujer se vuelve olvidadiza, fría y da la impresión de que vive en una nube, el hombre debe pensar que muy posiblemente ella se encuentra aburrida y desee el cambio.
Cuando una mujer no habla, siempre se somete a los deseos del marido y obedece en todo, es porque, sin lugar a dudas, está a punto de estallar y es inminente la huida.
En otros tiempos, este era el modelo promedio de matrimonio, pero, ahora, la mujer ya no considera que deba estar supeditada al marido, sintiéndose feliz con el tradicional papel de mujer sometida que se les daba por su supuesta inferioridad.
A los hombres les es muy difícil darse cuenta de que están a punto de ser abandonados cuando ellos se sienten satisfechos personalmente.
Es su defensa, aluden al matrimonio estable, sin discusiones y sin diferencias, sin embargo, no se dan cuenta que las mujeres, hoy en día, pueden comparar su vida con la de otras y tratar de mejorar.
El otro extremo, el de dos personas que siempre están en desacuerdo, peleando hasta por lo más insignificante, es clásico.
La mujer que está cansada del hombre con quien sostiene una relación que ya no quiere empieza a sentirse asfixiada y su reacción es criticar todo cuanto hace el responsable de su falta de libertad.
Muchas veces, el hombre está totalmente enamorado y en su afán de mejorar las cosas, no le importa cambiar de opinión, ceder, con tal de complacer a la mujer, sin embargo, la situación persiste igual.
En este punto, ya no hay nada que hacer, la desavenencia absoluta es un síntoma que no se puede ignorar y hay que pensar muy seriamente el rompimiento definitivo.
Los celos son un buen termómetro para medir la relación, es cierto que son síntomas de inseguridad, que pueden llegar a ser patológicos, que son la mayor tontería cuando se está enamorado, pero, también son signo de lo importante que es para nosotros la pareja.
Sin embargo, cuando la mujer presume de modernismo, liberación femenina y lo traduce en ser permisiva con la pareja, aduciendo que no le interesa la fidelidad y animándolo a que se divierta y a dar variedad a su vida, asegurando que no habrá ninguna alteración en sus emociones, mucho menos en la relación, esta falta de interés se puede traducir, sin temor a equivocaciones, en un rechazo absoluto, donde la mujer está rogando al hombre que la deje.
Aunque parezca difícil y a veces inconcebible, suele suceder que el hombre deje de interesarle a la mujer y el amor se haya convertido en hastío.
Las mujeres presentan las mismas actitudes de rechazo que los hombres cuando el amor se acaba. En estas situaciones hay que saber retirarse con dignidad.
Es cierto que un rompimiento es doloroso, pero, mucho más doloroso sería someterse a humillaciones y malos tratos que no dan ningún resultado cuando la relación ha dejado de ser satisfactoria, aquí todo está perdido, menos el respeto a sí mismo y eso es lo único que nunca se debe perder por encima de cualquier otra cosa.
Más historias
¿Curvys o Delgadas? 2a parte
¿Curvys o Delgadas? 1a parte
Violada y encerrada