Dicen los que saben que “recordar es vivir” y creo que tienen mucha razón, igual que aquellos que dicen que: “el que solo se ríe, de sus maldades se acuerda”, porque, ¿quién no ha esbozado una sonrisa recordando algún momento agradable que haya vivido?
No importa si sólo han pasado unas horas, unos días, unas semanas, unos meses o muchos años, el recuerdo fue tan agradable que nos hizo sonreír, con gusto y satisfacción, incluso con cierta nostalgia, ya que no dejamos de pensar que pudimos haber hecho mejor las cosas.
Es más, al recordar, también nos llega una mezcla de tristeza o hasta de coraje, sin el recuerdo fue algo que nos ayudó para seguir adelante, o que nos impulsó para vencer algo que nos estaba deteniendo, frenando o martirizando.
Y eso fue, precisamente lo que me sucedió, cuando por alguna razón cayó en mis manos un viejo vídeo de “Gerardo Reyes”, un cantante, musico y compositor, nacido en el estado de Guerrero y muerto, a los 80 años en el estado de Morelos, en Cuernavaca.
Conocido como “El amigo del Pueblo”, su estilo, sin duda alguna, bien pudo ser el antecedente de “la banda”, su canción: “Bohemio de Afición”, es una de las compañeras inseparables de aquel que sabe disfrutar una noche de bohemia.
Sólo que fue su canción “Sin fortuna”, la que me hizo recordar, esa vieja canción, con la que muchos nos identificamos y que a la letra dice más o menos así:
Yo nací sin fortuna y sin nada; desafiando al destino de frente; hasta el más infeliz me humillaba; ignorándome toda la gente; más de pronto mi suerte ha cambiado; y de pronto me vi entre gran gente.
Vi a esa gente al fingirse dichosa; frente a un mundo vulgar y embustero; gente hipócrita, ruin, vanidosa; que de nada le sirve el dinero; que se muere lo mismo que el pobre; y su tumba es el mismo agujero.
Cosas en las que no pensaba cuando de niño, tuve que fletarme a “trabajar” ayudando para los gastos familiares, cuando te vuelves invisible para los que pasan, para los que te miran, sin verte, como parte del paisaje citadino, para los que, en la escuela, principalmente, se burlan porque tienes que rifarte ya que tus padres no alcanzan a mantenerte en el hogar.
Agradezco a Dios y a mi madre, que jamás se me crearon rencores en el alma, jamás tuve amargura por hacer lo que hice durante los años de mi infancia, ya que gracias a ello me enseñé que el dinero bien habido, es un dinero que rinde, que la pobreza que te rodea, es el mejor aliciente que tienes para salir adelante y demostrar de qué estás hecho.
Lo mejor, es que, gracias a las enseñanzas y los consejos de mi madre, no fui presa fácil del entorno, no accedí a formar parte de los grupos que en toda colonia se forman y de los que muchos, aún no teniendo que trabajar, optan por la delincuencia y el dinero fácil.
Y la canción sigue así:
Ahora voy por distintos caminos, voy siguiendo tan solo al destino, y entre pobres me siento dichoso, si es amando doy mi amor entero, con los pobres me quito el sombrero, y desprecio hasta el más poderoso.
Soy cabal y sincero les digo, he labrado mi propio destino, yo le tiendo la mano al amigo, pero al rico jamás me le humillo.
Al paso de los años, y con la idea de no descuidar los estudios, ya que durante la primaria tenía el horario de la tarde, al ingresar a la secundaria, me tocó en el matutino y fue entonces cuando dejé de trabajar de tiempo completo y comencé a ver la vida de otra manera.
El compartir pupitres con compañeros que lo tenían todo, o casi todo, fue como recibir otra clase de educación, ellos pagaban por cosas que no sabían o no podían hacer y ahí estaba yo, para venderme al mejor postor.
Y de esa manera, pude convivir codo a codo y hacer amistad con aquellos que antes me ignoraban al pasar, con los que antes no me miraban cuando veían y que ahora, hasta me buscaban para tal o cual motivo que, además, me diera a ganar dinero honrado.
Para cuando llegué a la vocacional, ya mi criterio estaba formado y también gran parte de mi forma de ser, así que no tuve problema alguno en integrarme con la gran diversidad de estudiantes que acuden a esos planteles.
Mi convivencia social se diversificó, así como mis maneras para comportarme, en esa época, por la falta de orientación y consejos, comencé a estudiar para Contador Público, y quiso la suerte que me ofrecieran un trabajo relacionado con mis conocimientos.
Así que volví a la vieja rutina, trabajar por las mañanas y estudiar, ahora casi por las noches, fue entonces cuando me di cuenta de que yo no estaba hecho para la contabilidad.
Aconsejado por mi madre y guiado por su inclinación a la lectura, sobre todo de poesía, acudí a la UNAM y revalidé materias para ingresar a la facultad de Filosofía y Letras.
Obviamente tuve que dejar de trabajar, y ese dinero, al que ya nos habíamos acostumbrado, (mi familia y yo), dejó de ingresar, así que había que buscar la forma de reponerlo.
Durante seis semestres, estudié y trabajé en diferentes oficios, en periodos vacacionales, o en horarios que nadie aceptaba, no ganaba lo mismo que de auxiliar de contador, pero servía.
Y cuando la necesidad apretó, entonces busqué trabajo en lo que ya sabía hacer, escribir para contar historias y lo que más cercano tenía a mis manos era el periodismo.
De esa manera, recibí mi primera gran oportunidad, fue en “Sucesos”, para todos, una revista que pertenecía a don Gustavo Alatriste y la dirigía Alejandro Jodorowsky.
Aunque el sueldo era bueno, yo quería y necesitaba más, así que me contraté como argumentista de historietas en “Editorial Sol”, en ese momento, muchas cosas cambiaron en mi vida, me resultaba tan interesante el mundo de las historietas, o comics, como los llaman algunos, que me dediqué de lleno a ellas.
Así que cuando escuché los versos de la canción de Gerardo Reyes:
Yo nunca tuve el calor de un beso, mis pobres viejos trabajaban tanto, que nunca tuvieron, tiempo para eso, y así crecí, sin ignorar el llanto.
Yo nunca fui a la escuela, yo aprendí de grande, para esas cosas no alcanzaba un pobre y, las letras no entran cuando se tiene hambre, y no hay quien te de la mano si eres pobre.
Por eso vuelvo a este barrio viejo, donde la vida me trato tan mal, y esta es mi raza, que por nada dejo, aunque volviera yo a sufrir igual.
Mi mente divago en el tiempo y el espacio y no pude menos que sonreír ante la forma en que los caminos de la vida me fueron llevando hasta este momento, en el que puedo compartir con amigos, mis vivencias, mismas que seguramente llegara a muchos desconocidos, que sin duda alguna también tendrán una historia que recordar.
Tal vez, como a muchos de los que conocí en el camino, los situará entre esos que miran sin ver, o tal vez los situara entre aquellos que forman parte del escenario citadino, al que las personas están tan acostumbradas, que ni siquiera saben que existe.
De una o de otra forma, esos recuerdos, forman parte de nuestro presente y seguramente nos ayudarán para alcanzar un futuro, cualquiera que este sea.
¿Y usted… qué recuerdos le llegan al escuchar alguna canción?
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